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11 de noviembre de 2019
Uno de los métodos más reconocidos en la Filosofía es el creado por René Descartes llamado "duda metódica". Quizás a profundidad es más complicado de lo que parece a primera vista puesto que necesita de una serie de pasos y etapas hasta llegar a concretar ideas claras y distintas respecto al objeto de estudio del que se duda. No es dudar por dudar, sino dudar críticamente. Es necesario establecer también que dudar no tiene que caer en un escepticismo radical en el que se niegue el encuentro con el conocimiento. ¿Por qué aquellos que han logrado dudar críticamente de la realidad que se les presenta son tan importantes en un mundo manejado mediante redes sociales y que está a punto de sumergirse en lo que se ha denominado "metaverso"? ¿Por qué formar a aquellos odiosos, amargados o resentidos sociales que tienen hábito de dudar debería ser un objetivo esencial en las escuelas? Las plataformas tienen algoritmos que se adaptan a nuestros gustos, es decir, entre más buscamos cosas con ciertos descriptores, la cantidad de información recibida sobre esos temas será mayor. Se busca de alguna manera la auto-complacencia, tenernos atados a las pantallas porque solamente aparece aquello que nos provoca placer. En otras palabras, vemos reflejado en nuestras pantallas aquello que ya somos o lo que que creemos. Por ejemplo, un amante de las corridas de toros encontrará montones de información y vídeos sobre los mismos, pero muy pocos sobre porqué es una práctica bastante arcaica y salvaje. Las redes sociales no conducen a la duda, sino reafirma aquello que ha sido construido en nuestras cabezas durante largo tiempo en base a una sociedad, familia, educación o experiencias. Siguiendo lo anterior, volver la duda como un hábito se vuelve un requisito para no ser absorbido por la vorágine de información complaciente en la que ya vivimos. Solamente la duda nos llevará a sospechar de políticos populistas o totalitaristas, reclamar contra leyes que ponen el consumo y el capital por sobre el ser humano, evitar las teorías conspirativas, invertir nuestro dinero en compañías multinivel o caer en un burnout absurdo por creer en libros de autosuperación. ¿Pero cómo dudamos sin caer en una eterna incertidumbre o un relativismo sin salida? Antes de intentar aproximarnos a una respuesta a esta pregunta, es necesario mencionar que deberían ser las escuelas las encargadas de provocar el pensamiento crítico que a su vez tiene en su interior la duda. Si esto no sucede, cada vez tendremos más gente propensa a la trampa de las redes sociales. Respondiendo ahora sí a la pregunta, como todo en Filosofía, se requiere de paciencia y mucha reflexión, no obstante, es posible trazar una ruta sencilla, aunque entre más se la recorra, esta se vuelva más y más compleja. Primero y lo más importante, debe tratarse de obtener el panorama más amplio del asunto y entenderlo completamente, y para esto, es necesario encontrar el origen de la información. Por ejemplo, en el año 2016, hubo vídeos y datos circulando sobre un escándalo denominado "Pizzagate" que hablaba de un negocio de trata de niños que involucraba miembros del Partido Demócrata en Estados Unidos. Revisando el perfil y demás publicaciones de estas páginas, era notorio que apoyaban al entonces presidente republicano Donald Trump. ¿Cómo puedo confiar en denuncias que vienen de un partido opositor? Segundo, se debe buscar en páginas y medios de comunicación variados y conocer qué noticias existen sobre el tema. En este caso, muchos medios de comunicación de muchas fuentes mostraron con evidencias que "Pizzagate" había sido creado por un rumor de supremacistas blancos en la red social Reddit. Tercero, nunca está por demás usar el sentido común y la lógica, en otras palabras, intentar preguntarse si la historia tiene un hilo conductor racional. En el caso de "Pizzagate", ¿tiene realmente algún sentido que dirigentes demócratas de altos cargos se involucren en una red criminal de trata a través de una pizzería? Por último, con todos los datos en la mesa, se podría resolver tachar una información como conspirativa, cercana a la verdad, seria, poco seria, falsa, y cualquier otro tipo de categoría que elijamos. Generalmente, aquellos que usan la duda como herramienta para desnudar la realidad, siempre tienden a ser tachados de odiosos en cualquier grupo social. Por culpa de aquellos que dudan críticamente, las reuniones se alargan, los políticos y los jefes se muestran corruptos y desagradables, se hieren susceptibilidades, entre otras cosas. No obstante, aquellos odiosos, amargados y resentidos sociales son los que muestran que nuestro mundo deformado por nosotros en redes sociales, no es tan hermoso como lo pintamos.