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El blog de Filósofo Local

por https://filosofolocal.blogspot.com/2021/07/como-ser-feliz-una-critica-la-busqueda.html 6 de marzo de 2025
Una crítica a la felicidad desde el consumo
por Antonio Argudo Garzón. Filósofo Local 6 de marzo de 2025
De la vida intensa y sus alternativas
por sites 11 de noviembre de 2019
La reflexión en este texto versará sobre la vida como actividad en la Ética a Nicómaco de Aristóteles, pero fundamentalmente usando el término «ενέργεια», usado por el griego para definir la actividad. Consideramos que retomar el uso que hace del término Aristóteles tiene especial relevancia para comprender la vida contemporánea y su radical búsqueda del placer y las emociones como caminos hacia la felicidad. Para conseguir este objetivo en este breve texto, se comenzará explicando por qué el término «ενέργεια» debe resaltarse y retomarse para explicar la actividad como fuente de felicidad y luego lo estableceremos como punto de crítica a los valores contemporáneos revestidos de impulsividad y emocionalidad. La «ενέργεια» tomado etimológicamente significa capacidad de acción. Tomado desde la estructura de acto y potencia, la «ενέργεια» vendría siendo todo lo que realizamos o creamos con el fin de convertir nuestras acciones en actos en sí. No obstante, para Aristóteles la «ενέργεια» no puede ser solamente un realizar actividades sin tener un «τέλος», es decir, que solamente levantarse a trabajar o estudiar sin tener una finalidad, en otras palabras, caer en un nihilismo irracional, no puede estar ligado a la «ενέργεια». De allí que el griego considere que un esclavo no puede ser feliz y que solo puede participar de los placeres corporales, puesto que su «ενέργεια» es vana al no tener «τέλος» y ser “utilizado” con fines instrumentales, reduciéndose a mero trabajo sin posibilidad de política o contemplación. La vida desde este punto de vista termina siendo «ενέργεια» y «τέλος», y este último referido a la consecución de la felicidad. En nuestra contemporaneidad, la rapidez con la que se actúa provoca gastar aquella capacidad de acción, esa «ενέργεια», en encontrar placeres efímeros y actuar según las emociones[2]. Esta forma de actuar ya ha sido estudiado por varios autores contemporáneos que ven cómo en la sociedad de consumo la «ενέργεια» no precisa de un «τέλος», sino que se trata de calmar el deseo como tal, por lo que la impulsividad y la radicalización del uso de las emociones se vuelve un imperativo subconsciente, o en otras palabras, la sociedad de consumo produce adultos infantilizados[3]. Al desaparecer el «τέλος» de la ecuación «ενέργεια»+«τέλος» igual felicidad, cualquier capacidad de acción es vana, es decir, que el ser humano contemporáneo no visibiliza la felicidad porque el consumismo sistemático maximiza el valor de la «ενέργεια» vana y que obliga al ser humano a actuar sin reflexividad. La vida sin «τέλος» se convierte en actividad pura que solamente busca satisfacer deseos mediante placeres efímeros. En definitiva, la vida es descrita por Aristóteles como la actividad virtuosa que busca la felicidad. No es suficiente un actuar irracional y desmedido lleno de placeres, pues el desgaste de energía vital en este accionar no entrega felicidad sino la satisfacción momentánea de los deseos a través de placeres, lo que a la larga produciría un comenzar interminable de la búsqueda de la felicidad al estilo del mito de Sísifo. Aristóteles comprendía que la vida puede traer vicisitudes, pobreza, problemas y demás obstáculos, pero el actuar virtuoso, la experiencia y la contemplación podrían terminar entregándonos el bien supremo o felicidad. Parecería ser que la contemporaneidad y el consumo ha creado una sociedad donde la felicidad es un bien imposible de alcanzar, donde uno tiene dos actitudes: busca la felicidad en placebos (Autosuperación, actitud positiva, meditación, etc.) o niega su existencia plena prefiriendo entregarse a satisfacer deseos mediante placeres efímeros. La fórmula Aristotélica es más simple: «ενέργεια» (capacidad de acción)+«τέλος» (finalidad) igual felicidad. [1] Aristóteles. Ética a Nicómaco. Madrid: Clásicos Políticos, 1999. [2] Han, Byung-Chul. Psicopolítica. Madrid: Herder, 2014. [3] Infante, Eduardo. «"Filosofar es examinar la vida, cuestionarla, interrogarla, precisamente para poderla vivir humana y cabalmente".» Sitio Web BBC. 25 de 01 de 2021. https://www.bbc.com/mundo/noticias-55664858.
por sites 11 de noviembre de 2019
Uno de los métodos más reconocidos en la Filosofía es el creado por René Descartes llamado "duda metódica". Quizás a profundidad es más complicado de lo que parece a primera vista puesto que necesita de una serie de pasos y etapas hasta llegar a concretar ideas claras y distintas respecto al objeto de estudio del que se duda. No es dudar por dudar, sino dudar críticamente. Es necesario establecer también que dudar no tiene que caer en un escepticismo radical en el que se niegue el encuentro con el conocimiento. ¿Por qué aquellos que han logrado dudar críticamente de la realidad que se les presenta son tan importantes en un mundo manejado mediante redes sociales y que está a punto de sumergirse en lo que se ha denominado "metaverso"? ¿Por qué formar a aquellos odiosos, amargados o resentidos sociales que tienen hábito de dudar debería ser un objetivo esencial en las escuelas? Las plataformas tienen algoritmos que se adaptan a nuestros gustos, es decir, entre más buscamos cosas con ciertos descriptores, la cantidad de información recibida sobre esos temas será mayor. Se busca de alguna manera la auto-complacencia, tenernos atados a las pantallas porque solamente aparece aquello que nos provoca placer. En otras palabras, vemos reflejado en nuestras pantallas aquello que ya somos o lo que que creemos. Por ejemplo, un amante de las corridas de toros encontrará montones de información y vídeos sobre los mismos, pero muy pocos sobre porqué es una práctica bastante arcaica y salvaje. Las redes sociales no conducen a la duda, sino reafirma aquello que ha sido construido en nuestras cabezas durante largo tiempo en base a una sociedad, familia, educación o experiencias. Siguiendo lo anterior, volver la duda como un hábito se vuelve un requisito para no ser absorbido por la vorágine de información complaciente en la que ya vivimos. Solamente la duda nos llevará a sospechar de políticos populistas o totalitaristas, reclamar contra leyes que ponen el consumo y el capital por sobre el ser humano, evitar las teorías conspirativas, invertir nuestro dinero en compañías multinivel o caer en un burnout absurdo por creer en libros de autosuperación. ¿Pero cómo dudamos sin caer en una eterna incertidumbre o un relativismo sin salida? Antes de intentar aproximarnos a una respuesta a esta pregunta, es necesario mencionar que deberían ser las escuelas las encargadas de provocar el pensamiento crítico que a su vez tiene en su interior la duda. Si esto no sucede, cada vez tendremos más gente propensa a la trampa de las redes sociales. Respondiendo ahora sí a la pregunta, como todo en Filosofía, se requiere de paciencia y mucha reflexión, no obstante, es posible trazar una ruta sencilla, aunque entre más se la recorra, esta se vuelva más y más compleja. Primero y lo más importante, debe tratarse de obtener el panorama más amplio del asunto y entenderlo completamente, y para esto, es necesario encontrar el origen de la información. Por ejemplo, en el año 2016, hubo vídeos y datos circulando sobre un escándalo denominado "Pizzagate" que hablaba de un negocio de trata de niños que involucraba miembros del Partido Demócrata en Estados Unidos. Revisando el perfil y demás publicaciones de estas páginas, era notorio que apoyaban al entonces presidente republicano Donald Trump. ¿Cómo puedo confiar en denuncias que vienen de un partido opositor? Segundo, se debe buscar en páginas y medios de comunicación variados y conocer qué noticias existen sobre el tema. En este caso, muchos medios de comunicación de muchas fuentes mostraron con evidencias que "Pizzagate" había sido creado por un rumor de supremacistas blancos en la red social Reddit. Tercero, nunca está por demás usar el sentido común y la lógica, en otras palabras, intentar preguntarse si la historia tiene un hilo conductor racional. En el caso de "Pizzagate", ¿tiene realmente algún sentido que dirigentes demócratas de altos cargos se involucren en una red criminal de trata a través de una pizzería? Por último, con todos los datos en la mesa, se podría resolver tachar una información como conspirativa, cercana a la verdad, seria, poco seria, falsa, y cualquier otro tipo de categoría que elijamos. Generalmente, aquellos que usan la duda como herramienta para desnudar la realidad, siempre tienden a ser tachados de odiosos en cualquier grupo social. Por culpa de aquellos que dudan críticamente, las reuniones se alargan, los políticos y los jefes se muestran corruptos y desagradables, se hieren susceptibilidades, entre otras cosas. No obstante, aquellos odiosos, amargados y resentidos sociales son los que muestran que nuestro mundo deformado por nosotros en redes sociales, no es tan hermoso como lo pintamos.
por sites 7 de noviembre de 2019
El sistema de consumo nos ha volcado a considerar la posibilidad de la inmortalidad. En series de televisión como “Upload” se visualiza la idea de poder habitar en una realidad paralela o incluso en muchas películas de ciencia ficción el congelamiento criogénico se contempló como una esperanza. Créanlo o no, mucha inversión se está realizando ahora mismo para llevar a la realidad ambos proyectos. Solo basta analizar de cerca lo que pretende el denominado Metaverso. Simplemente queremos sacarnos de la espalda el peso del horizonte final, aquello que no puede ser conocido, lo que escapa a nuestra imaginación, y debe ser dejado a las religiones. El ego de la humanidad contemporánea, con sus avances científicos y tecnológicos, no puede resistir la idea de la finitud corporal. La realidad es que seguimos siendo mortales y, probablemente, eso no cambie demasiado en los próximos años. ¿Cómo conseguir la inmortalidad? La posibilidad de ser inmortales siempre ha estado presente cuando nos miramos como un conjunto, cuando nos consideramos como un todo. Napoleón o Gengis Kan son inmortales porque su recuerdo ha permanecido en la mente de la humanidad debido a lo que construyeron, tanto lo bueno como lo malo. Sin ir a personajes históricos, cada familia logra mantener viva la memoria de sus miembros -al estilo de la película “Coco”- mientras sean recordados. Esto no podría ocurrir si es que fuésemos una sociedad de individuos completamente egoístas y aislados. Se podría argumentar, y con razón, que existe una serie de niveles de poder y hegemonías que cubren unos recuerdos y visibilizan otros. Sin embargo, la luz de la inmortalidad solamente emerge si se pone énfasis en nuestra autoconciencia como especie, en aquella memoria común que nos hace evolucionar. No importará el Metaverso ni tampoco el procedimiento de criogenización para ser inmortales, si no somos capaces como humanidad de solucionar los problemas que hemos creado, sean estos enfermedades o cambios climáticos. Nuestra inmortalización no depende solamente de un procedimiento científico-tecnológico, sino del desarrollo de nuestra autoconsciencia como especie.
por sites 7 de noviembre de 2019
DECÁLOGO DE VIDA A modo de cierre del año, luego de seguir en pandemia, haber soportado las teorías conspirativas, de tratar de volver a vernos después del encierro, de buscar en los celulares aquel "chupete digital" que nos libre de la realidad, tuvimos tiempo para crear un pequeño decálogo con algunas sugerencias desde la Filosofía para que el siguiente año tenga un poco más de sabiduría y no tanto de auto-superación o autoayuda: 1.- Dudemos más. Que no todo lo que llegue a nuestros ojos sea lo primero que creamos. Investiguemos el origen de las noticias y los intereses detrás de las mismas. 2.- Leamos más. No hay otra forma de ser más inteligente. Si no sabes qué leer, búscalo en páginas Web o canales de YouTube o donde sugieran libros interesantes de Filosofía, Literatura, etc. Dejemos media hora al día el celular e intentemos leer y reflexionar sobre lo que leímos. 3.- Discutamos más sobre política. Las personas tienden a evitar discusiones sobre política sencillamente porque creemos que es incómodo o por evitar conflictos. Sin caer en el insulto o una crítica personal, tratemos de discutir más política con argumentos. Solamente de esta manera, podremos entender otros puntos de vista y saber más sobre las personas que gobiernan en nuestro país. 4.- Aprendamos más. No importa qué, pero aprendamos algo nuevo. Aprender un nuevo instrumento, a cocinar, otro idioma, Filosofía, o cualquier cosa. Esto nos hace personas más interesantes y evita que caigamos en huecos existenciales innecesarios. 5.- Protestemos más. Muy poco hacemos contra los políticos y el sistema económico que nos gobierna. Debemos escribir más en nuestras redes sociales sobre las injusticias que se viven a diario, pero también es bueno organizarse, salir a marchar o enviar cartas públicas. Nadie nos va a defender si no lo hacemos nosotros mismos. 6.- Economicemos más. Aristóteles consideraba que era imposible ser plenamente feliz si no existía estabilidad económica. Tratemos de no comer tanto en la calle y hacer más días de campo con comida hecha en casa. Organicemos las cuentas para pagar deudas, pero también tengamos el suficiente dinero para ir al cine una vez por mes o de viaje una vez cada tres o seis meses. Prioricemos gastos en educación o salud, y gastemos menos en cosas que no traerán demasiado provecho en el futuro como un nuevo celular o ropa que no necesitamos. 7.- Cantemos y bailemos más. No es necesario ser buenos. Pero bailar, cantar o, en general, disfrutar de la música nos hace mejores personas. Probemos nuevos ritmos y géneros, escuchemos música que traiga reflexiones, pero siempre todo es mejor con música, además de favorecer nuestras facultades mentales mientras hacemos alguna actividad. 8.- Escuchemos más. Byung Chul Han anotó que probablemente en el futuro existan profesiones cuya única misión sería escuchar a las personas. No nos damos cuenta que las personas están sufriendo hasta que podemos escuchar sus historias. En tiempos donde la depresión es otra pandemia, tratemos de poner atención a los que nos hablan. 9.- Veamos y escuchemos más historias. Disfrutemos de lo que nos trae el buen cine y las buenas historias en la radio o podcasts. Busquemos recomendaciones de especialistas y disfrutemos de los personajes, los paisajes, los sonidos, etc. No solamente veamos las superproducciones de Disney, superhéroes, comedias románticas o terror. De vez en cuando un drama o un documental no hace daño. 10.- Filosofemos más. Quizás podrían pensar que es una tarea complicada. ¡Pues tienen razón! Pero como todo en esta vida, no es necesario que lo hagan a nivel profesional desde el inicio. Comiencen con una pregunta sobre una problemática que les sea de interés, consideren las causas y orígenes de la misma, e intenten una respuesta. Con el tiempo y las lecturas, mejorarán y podrían quizás comenzar a escribir sus propias reflexiones.
por sites 7 de noviembre de 2019
Pequeñas reflexiones sobre las relaciones humanas de la intimidad
por sites 7 de noviembre de 2019
¿Es cierto que siempre debemos romper la rutina? ¿Qué tan necesario es buscar en cada momento instantes mágicos y crear recuerdos perdurables? ¿Es la rutina tan mala? Pues pareciera que la sociedad de consumo ha buscado maneras de hacer ver a la rutina como algo que debe ser roto constantemente. En el caso de las parejas para mantener viva la pasión, en el caso de los solteros para esquivar la terrible soledad a toda costa, en el caso de los niños para que no crezcan con estrés y aburrimiento. Debe recordarse, sin embargo, que la sociedad vive de la rutina y no tanto de los momentos mágicos, ya que en ella se encuentra la solidez y disciplina necesaria para que las cosas comiencen a funcionar. Romper con la rutina implica emoción, y la emoción produce que las personas se lancen a gastar dinero y tiempo en actividades pasajeras que tienen en su interior la necesidad de consumo. La búsqueda de felicidad, entonces, no estaría en lo que hacemos todos los días, sino en aquellos espacios en los que salimos corriendo de la rutina. La rutina es lo más cercano a nuestro deseo de ser eternos. Humberto Giannini dice que la rutina es una "caricatura de la eternidad", un espacio de tiempo que se encuentra alejado de la diacronía, donde se conjugan las cosas como fueron y como son, además de que se configura el cómo serán. No existe tiempo en levantarse, desayunar, cepillarse los dientes, ducharse, vestirse y salir al trabajo. Esto se hace sin importarnos si habrá un mañana, como si fuéramos eternos. Nadie va por la vida lavándose los dientes como si fuera la última vez que lo hace. El problema radica más bien en el disfrute mismo de nuestra rutina, algo que es muy complicado de hacerse cuando la rutina tiene un horizonte de explotación y autoexplotación. ¿Qué pasaría si en lugar de romper con la rutina, se crea una rutina que nos traiga disfrute o un sentimiento de eternización? La transformación de la rutina depende de muchos factores, pero inicia en el reconocimiento de ella como algo importante de mantener, y no como un elemento que debe ser roto a cada momento. La solidificación de la rutina debe expresarse en términos de lograr un horizonte de felicidad y vida digna, y no de mero cumplimiento o satisfacción de deseos. La idea kantiana de que cumplir con el deber trae felicidad no es del todo descabellada en este contexto, puesto que hacer el bien rutinariamente involucra tener actividades diarias que parecerían aburridas pero permiten alcanzar un bien mayor. Un docente prepara sus clases, llega puntual, cumple con su deber y sale de su clase con estudiantes que saben más que cuando entraron al aula. Una rutina tediosa como el de ir a clases, en realidad, es la única forma de que estos estudiantes sea mejores personas, y si el docente lo entiende, posiblemente consiga plenitud a largo plazo. El disfrute de una rutina es mucho más importante que romperla, pues vivimos la mayor parte del tiempo en ella, y si la rompemos, que no sea por un momento que se desvanecerá en consumo y objetos de deseo. Volver a la rutina debería ser motivo de alegría y seguridad, dos cosas que la sociedad de consumo aborrece.

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